Toda una vida ligada al deporte
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Carlos Sastre / Diciembre '07
Hace treinta y dos años nací en Madrid, en el hospital de La Paz. Hasta los diecinueve viví en Leganés y tras el servicio militar me empadroné en El Barraco, donde mis lazos deportivos están amarrados. Durante este periodo estudié primaria y parte de BUP en Leganés; después, Electrónica en Formación Profesional, en Carabanchel. Mi infancia fue normal, como la de cualquier niño. Mis estudios siempre estuvieron unidos al deporte: gimnasia deportiva, natación, atletismo, fútbol y ciclismo me ayudaron a crecer en un ambiente sano y a formarme como persona. Hasta aquí todo sería normal, como la vida de cualquier niño inquieto con ganas de hacer cosas. Aunque mi ilusión por el deporte siempre estuvo por encima del resto, siempre traté de ser responsable con mis deberes como alumno, y aunque no era de los aventajados fui aprobando los cursos. Llegó el primer momento importante de mi vida, en el que tuve que tomar una decisión difícil.
Tras un año sin descanso, en el que me levantaba a las seis y media de la mañana para ir al instituto y volvía casi a las cuatro de la tarde, tomaba una comida rápida y me iba entrenar con la bicicleta, antes de la clase de inglés junto a mi hermano Miguel. Mis deberes diarios y una buena cena me acompañaban durante cada semana. Los fines de semana cogía el coche y me iba a Cegama (Guipúzcoa), donde quedaba con el resto del equipo para competir. El domingo, vuelta a casa y el lunes, vuelta a empezar… Esta situación estuvo a punto de causarme una lesión por el estrés y el poco descanso que tenía. Tras ese año de lucha, decidí dejar los estudios o hacer un paréntesis y dedicarme al ciclismo, puesto que estaba en un buen equipo y tenía una oportunidad que quería aprovechar. Nunca dejé de estudiar por completo y siempre estuve haciendo cursos de informática o inglés, que me quitaban menos tiempo y los podía compaginar mejor con lo que quería.
Las molestias fueron desapareciendo poco a poco y empecé a hacer lo que me gustaba con ganas y sin mirar hacia atrás, pero una tendinitis en las dos rodillas me volvió a apartar de la bici. Siguió una recuperación lenta y costosa hasta subirme al sillín de nuevo. En la primera carrera, después del obligado parón, tenía más ganas que fuerzas. Sufrí una caída y allí estaba de nuevo, sentado en el suelo, con rotura de radio y escafoides. Seis semanas con escayola, haciendo dos sesiones de rodillo al día que no me valieron más que para dañarme la espalda y tener que dedicar más tiempo a recuperarme. Pero terminé el año andando bien y con ganas para el próximo, en el que me jugaba mi futuro.
Durante todo aquel invierno sólo hubo un pensamiento en mi cabeza: hacer las cosas bien y no tener lesiones. Lo conseguí con mucho sacrificio y con el apoyo de mi familia. La primera carrera, una victoria; la segunda, dos, y la tercera, tres. Tres de tres, hasta sumar siete victorias importantes como amateur. Después de una serie de discrepancias con el equipo en el que siempre soñé estar, decidí irme al equipo rival, quien me dio la oportunidad de ser profesional.
Con este resumen de la historia de mi vida no trato de ser ejemplo para nadie. Sólo quiero aportar algún dato personal para que todos aquellos chavales que quizás tengan alguna duda, puedan encontrar en mi experiencia otro punto de vista de una persona que ha luchado por conseguir sus metas y que en un momento también tuvo dudas.
¡FELICES FIESTAS!
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