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Temporada 2007
CSC-Riis Cycling
La confirmación que, tras la Vuelta de 2006, hizo Bjarne Riis de mi liderato para las grandes vueltas, me llenó de satisfacción y, al mismo tiempo, de responsabilidad. Sabía que no podía defraudar la confianza de mi director ni la de mis compañeros y encaré el nuevo año con una renovada ilusión, dispuesto a disfrutar con mi trabajo y a dar lo mejor de mí mismo en los dos compromisos deportivos en los que el equipo esperaba lo máximo de mí: el Tour y la Vuelta.
El primer contacto con el equipo lo mantuve a finales de enero en Estados Unidos. Tres semanas de concentración en San Francisco. Entrenamientos con buenas temperaturas, en contraste con las primeras salidas, bajo el frío y sobre la nieve de las carreteras abulenses, acompañado por mis inseparables Joaquín Novoa y Miguel Angel Candil.
Las tres semanas de concentración dieron para mucho. Para que los nuevos se acoplaran al grupo, para realizar entrenamientos de calidad, para viajar de un sitio para otro: visita a la fábrica de ruedas ZIPP en Indianápolis, prueba de los nuevos materiales y las nuevas bicicletas en el túnel del viento de San Diego, excursión turística a la mítica isla de Alcatraz…

Con la base del buen trabajo realizado en esta concentración y el posterior trabajo desarrollado en las carreteras habituales de mi entorno abulense, debuté en la competición en la Clásica de Almería. Fue agradable volver a sentir el hormigueo al ponerme el dorsal y al recibir las muestras de afecto de los aficionados.
La carrera se me hizo más pesada de lo previsto. Me metí sin querer en la escapada buena del día y al no haber ningún compañero de mi equipo en ella tuve que aguantar hasta la meta. La verdad es que, pese al sufrimiento, tuve buenas sensaciones. |
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| Sastre, Menchov y Samuel Sánchez, en el podio de La Castellana. |
Palmarés
1º Criterium de L'Hospitalet
2º Vuelta a España
4º 9ª etapa Vuelta
4º 19ª etapa Vuelta
5º 10ª etapa Vuelta
6º 4ª etapa Vuelta
8º 18ª etapa Vuelta
2º Criterium ACP
3º Escalada Montjuïc
4º Tour de Francia
5º 14ª etapa Tour
8º 16ª etapa Tour
10º 8ª etapa Tour
10º 9ª etapa Tour
7º Clásica San Sebastián
16º Clásica de Almería
16º Giro dell' Emilia
19º Vuelta a Suiza
25º Tour de Romandía
37º Bayern Rundfahrt
45º Klasika de Primavera
63º Vuelta Castilla y León
66º Coppa Sabatini |
Carlos Sastre, en cabeza del grupo de escapados a la entrada de la Vuelta en la ciudad amurallada de Avila. |
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| Tras Almería llegó la Vuelta a Murcia. La afronté con muchas ganas pero con escasa fortuna. La primera etapa se disputó bajo un fuerte temporal y ya cerca de la meta y a causa de un golpe de viento lateral me vi envuelto en una caída junto a otros corredores. |
Una herida profunda en el codo y contusiones en la cadera, en la espalda y en la cabeza, que me producían dolores en todo el cuerpo, hicieron aconsejable que no tomara la salida al día siguiente. |
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Cambios en mi calendario
Después de diez días de reposo, desaparecidas las molestias, pude volver a los entrenamientos. Tenía una semana por delante para preparar la Vuelta a Castilla y León. Poco tiempo. La empecé con muchas dudas. No sabía cómo iba a responder y si me resentiría de algunos golpes. Afortunadamente no fue así y me encontré cada día mejor.
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Tras Castilla y León, llegaba la Vuelta al País Vasco, una carrera muy exigente, con muy buena participación y corredores que la tenían marcada como uno de sus objetivos. El mío no era otro que seguir progresando en el camino hacia el Tour.
Mi equipo acudía con ganas y aspiraciones, con Frank Schleck y Bobby Julich dispuestos a luchar por la victoria.
Tanto la ronda vasca como la Clásica de Amorebieta fueron carreras duras y muy disputadas, pero para mí sólo fueron de entrenamiento, porque no tenía las bases que necesitaba para afrontarlas con garantías. Me sirvieron, eso sí, para ver que todo iba bien, que recuperaba perfectamente después de etapas muy exigentes y que, aunque despacio, progresaba cada día, por lo que todo parecía ir por el buen camino.
De acuerdo con el equipo y motivado por el retraso de forma tras el accidente de Murcia, decidimos eliminar de mi calendario la Flecha Valona y la Lieja-Bastoña-Lieja. Estas clásicas son equiparables a un Campeonato del Mundo por su calidad y por esto me gustan mucho. Pero hay veces que tenemos que sacrificar muchas cosas que nos gustan por intentar conseguir otras.
Fijamos mi vuelta a la competición en el Tour de Romandía, una prueba de la que
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terminé bastante satisfecho. Por primera vez en la temporada había sentido la sensación de andar a gusto encima de a bicicleta, con ganas de meterme en los grupos cabeceros. Notaba que progresaba pese a la poca carga de entrenamiento y eso era buena señal. A partir de ese momento, ya con buen tiempo, pude intensificar los entrenamientos específicos y afinar un poco más, tanto en los reconocimientos de los puertos pirenaicos del Tour como en la Vuelta a Baviera, que fue la próxima cita en mi retocado calendario.
Uno de los cambios fue optar por la Vuelta a Suiza en lugar del Dauphiné Libéré, prueba que siempre había disputado antes del Tour. La razón del cambio era sencilla y la Vuelta a Baviera era la clave del mismo. Al haber hecho la carrera alemana, las fechas de la ronda suiza eran más apropiadas que las del Dauphiné.
Los días que faltaban para el arranque del Tour iban pasando cada vez más rápidamente. El trabajo cada vez era más intenso. Se notaba también que se acercaba el gran acontecimiento ciclista de la temporada porque cada vez era mayor la atención de los medios de comunicación. En mi fuero interno esperaba y deseaba no defraudar a tanta expectación. |

De Londres a París
La acogida que Londres dispensó al Tour fue impresionante. No recuerdo haber visto nunca a tanta gente apostada en las cunetas. El Tour arrancaba por fin después de una semana pesada por los viajes, las ruedas de prensa, los trámites y controles de salud…
Las dos impresionantes victorias de mi compañero Cancellara, en la crono inaugural y en la tercera etapa, fue un primer baño de moral para todo el equipo. Mantuvimos el maillot amarillo hasta la sexta etapa. El balance de la primera semana fue extraordinario.
El Tour llegaba a los Alpes y allí empezaba mi carrera. La primera etapa, con meta en Le Gran Bornard, vio la victoria y el liderato del alemán Gerdemann, que fue el beneficiado de una larga escapada protagonizada por corredores que en principio no inquietaban de cara a la general. Había mucha expectación por ver qué pasaba en el Col de La Colombière, pero ningún hombre importante intentó atacar y se pasó sin mayores problemas.
La segunda etapa alpina, con final en Tignes, fue mucho más dura. Mis sensaciones fueron buenas cuando aceleré al ver fallar a Vinokourov, al que todos considerábamos máximo favorito. |

En ese momento no pensábamos que Rasmussen, vencedor de la etapa y nuevo líder, fuera a mostrarse tan fuerte en todos los terrenos. En la parte negativa, el equipo sufría las caídas de O’Grady (que tuvo que abandonar) y de Cuesta, que no pudo estar a mi lado en la parte final de la etapa.
Tras la primera jornada de descanso afrontamos la última jornada alpina, con final en Briançon. Fue realmente dura y tuve que sufrir mucho para aguantar el ritmo de cabeza. Pero bueno, entraba dentro de mis planes salvar los Alpes de esta manera y me sentía tranquilo y satisfecho de llegar a los Pirineos en esas condiciones. Después de tres etapas llanas, de “recuperación”, nos esperaba la primera contrarreloj en Albi. 54 kilómetros en los que nunca encontré el ritmo de pedaleo deseado. Perdí más tiempo del esperado con relación a mis adversarios directos y sentí que se me complicaba la carrera.
Al día siguiente entrábamos en los Pirineos. En Plateau de Beille, Contador y Rasmussen demostraban estar un punto por encima del resto en la montaña. El podio se ponía difícil. Mi mente, al término de esa jornada, estaba puesta en la etapa ‘reina’ de esta edición, la que finalizaba en el Col d’Aubisque. Y cuando llegó el momento, no lo dudé ni un instante. Salí decidido a jugarme el todo por el todo, atacando desde lejos en lo que podía parecer un ataque suicida. |

Tenía casi siete minutos perdidos con respecto al líder, pero sólo dos minutos y medio con el tercero en la general. Ese era mi objetivo. Sabía que era una etapa muy dura en la que, por la dureza de los puertos, para un equipo era muy difícil controlar la situación.
En la escapada tuve un poco de apoyo, aunque no todo el necesario para haber cumplido mi sueño de haber ganado la etapa o haber estado un poco más cerca del podio. En cualquier caso me siento satisfecho por lo que hice. Aunque lo pasé muy mal, fue una experiencia positiva. Un reto que tenía pendiente y que estoy seguro de que me va a ayudar a seguir progresando tanto en mi vida profesional como en mi vida personal.
Esa noche me acosté siendo quinto en la general y me desperté siendo cuarto. Hubiera preferido seguir siendo quinto, porque mi ascenso venía provocado por la retirada de Rasmussen. El líder del Tour había sido obligado de forma poco clara a abandonar la carrera por su equipo. Un golpe más para este castigado deporte. Llegué cuarto a la última contrarreloj en Cognac, dura y rápida, y salí de ella en la misma posición.
Llegué a París satisfecho de mi actuación, aunque de nuevo con esa sensación de vacío por no poder estar en el podio. Un vacío que lo llena la satisfacción de haber luchado en carrera y de haber intentado dar lo máximo de mí. A partir de ese momento sólo quedaba recuperar fuerzas e ilusiones para preparar la Vuelta a España, mi próximo objetivo. |
Y llega la Vuelta
El mes que separa las dos grandes vueltas pasó como un soplo, pero tuve tiempo para volver a cargar las ganas y la ilusión ante este nuevo compromiso. Llegaba mentalmente fresco y en buena forma física. Más o menos salía con los mismos kilómetros que el año pasado, pero con menos competición y con un menor cansancio psíquico.
En la cuarta etapa, tras las tres primeras en línea dominadas por los velocistas, afrontamos la primera de montaña, con final en los Lagos de Covadonga, donde ganaría y tomaría el liderato el ruso Efimkin, que iba a ser la gran revelación de la carrera. Yo me situaba tercero en la general, pero consciente de que quedaba por delante mucha carrera.
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Tras tres etapas llanas, llegaba la primera contrarreloj, de 52 kms. en Zaragoza. Una vez más quedaba patente que ése no es mi terreno. Máxime cuando el recorrido transcurre por una autopista completamente llana. Acabé reventado y perjudicado en la clasificación, descendiendo hasta la séptima plaza y cediendo más tiempo de lo esperado. Pero quedaba carrera, fuerzas y ganas. Y al día siguiente entrábamos en los Pirineos.
El equipo trabajó a la perfección, con un Cuesta sensacional en la subida final a Cerler. Me faltó un poco para entrar con Piepoli y Menchov, pero seguía en la brecha y eso era lo importante. Menchov se hacía con el liderato y yo me situaba cuarto, a poco más de tres minutos.
En la segunda jornada pirenaica, con final en Arcalís, no pasó nada. Llegamos un pelotón de ochenta corredores al pie del puerto y siete corredores con el mismo tiempo que Menchov a la meta, donde el ruso volvía a mostrarse muy fuerte.
Tras cuatro etapas propicias para las escapadas y para los sprinters, la Vuelta llegaba a Granada, con el temido Monachil en la parte final. Era la penúltima ocasión para intentarlo.
Y lo intenté de varias maneras: poniendo al equipo a tope desde abajo del puerto, tratando de engañarles haciendo parecer que iba mal para ver si se arrancaba
alguien, pero fue imposible. No hubo maneras de soltarles.
La Vuelta llegaba a mi casa, o sea a Ávila, con una etapa que presentaba bastante dureza. El entorno y las pancartas me alentaban a atacar.
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Lo hice con ganas y con fe, pero sólo falló Efimkin. El esfuerzo al menos se vio recompensando al entrar en el podio. La escalada en la clasificación general estaba resultando más dura que los puertos a escalar en esta edición de la Vuelta.

Ya sólo quedaba la etapa de la sierra madrileña, con la doble ascensión al corto pero exigente puerto de Abantos. En la primera ascensión y a falta de 4 kilómetros, intenté marcharme por delante, pero toda la gente importante seguía mi rueda.
En la segunda lo volví a intentar, encontrando la colaboración de Samuel Sánchez, que se mostraba muy fuerte en las últimas etapas y también buscaba un puesto en el podio. Menchov no dio muestras de debilidad, más bien todo lo contrario, pero por fin flojeó Evans y pude obtener sobre él un pequeño colchón de algo más de 40 segundos para la contrarreloj, que iba a afrontar siendo segundo en la general.
Como preveía, en la última crono me tocó sufrir para aguantar esa segunda plaza. Las apuestas eran favorables al australiano. Algún “analista” incluso me veía fuera del podio, desplazado por Samuel Sánchez. Pero no podía dejar escapar algo que tanto me había costado alcanzar. Sufrí lo indecible y pese a que hice parte del recorrido con el piso mojado por la lluvia, lo que me obligó a arriesgar al máximo en las curvas, pude conservar mi puesto.
En el podio de Madrid felicité de corazón a Denis Menchov, porque fue el corredor más fuerte de la Vuelta, y recibí también de él la felicitación y el reconocimiento por mi actitud en carrera. Me emocionaron las muestras de cariño de los aficionados. Me sentía cansado pero tremendamente feliz. Había disfrutado como nunca en la Vuelta y quiero subrayar una vez más el trabajo de todos mis compañeros de equipo, que siempre tuvieron fe en mí y no dudaron en dejarse la piel por ayudarme a conseguir un objetivo que es tanto de ellos como mío.
El Mundial y últimas carreras
Aunque cansado, acudí al Mundial con la ilusión de siempre. Es una carrera que me encanta y siempre me he sentido
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orgulloso de representar a mi país en ella.

Una vez más, el seleccionador me asignaba la tarea de capitanear al equipo en carrera. Llevábamos un gran equipo y aspirábamos a conseguir medalla. Pero esta vez no pudo ser. Estuvimos bien toda la carrera, pero fallamos a la hora de rematar, que en esta carrera es lo que cuenta. Regresamos de Sttutgart con mal sabor de boca. Y es que últimamente estábamos mal acostumbrados.
La temporada se alargaba más de lo acostumbrado. Tras el Mundial, el equipo requería mis servicios para ayudar a otros compañeros en las últimas clásicas de la temporada. El Giro de Lombardía era el objetivo y para prepararla corrimos la Coppa Sabatini, el Giro dell’Emilia y el Gran Premio Beghelli.
Pese a lo cargado de la temporada, disfruté especialmente de ese viaje y de aquellos días porque estuve acompañado de mi paisano Joaquín Novoa, al que CSC tuvo a prueba en estas clásicas italianas. El chaval, que tiene madera y es muy buena gente, respondió en la medida de sus posibilidades y desempeñó bien su trabajo, colaborando en los resultados del equipo como uno más.

La Escalada a Montjuïc y algunos criteriums ineludibles pusieron punto final a un año muy intenso pero muy especial para mí. Realmente inolvidable. |
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